Había una vez un hombre que vivía en una pequeña granja en el campo. A él le encantaba sembrar semillas y cuidar de su jardín. Tenía un saco lleno de semillas diferentes: algunas eran de trigo, otras de maíz, algunas de flores hermosas y otras de árboles frutales.
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Un día, decidió salir a sembrar sus semillas en el campo. Llevó su saco lleno de semillas y comenzó a arrojarlas al suelo. Pero mientras arrojaba las semillas, algunas cayeron en el camino, donde la tierra estaba dura y compacta.
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Las semillas en el camino no pudieron hundirse en la tierra, y las aves vinieron y las recogieron. Él continuó sembrando y algunas semillas cayeron en un terreno pedregoso, donde la tierra era superficial y no tenía suficiente tierra para crecer.
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Las semillas en el terreno pedregoso brotaron rápidamente, pero como no tenían raíces profundas, se secaron bajo el sol caliente. Otras semillas cayeron entre las espinas, que eran plantas que crecían rápidamente y ahogaban las semillas.
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Pero algunas semillas cayeron en buena tierra, tierra fértil y suelta. Esas semillas crecieron fuertes y sanas, produciendo una cosecha abundante. Él estaba feliz al ver sus plantas crecer y dar fruto.
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Después de sembrar todas las semillas, se sentó bajo un árbol y recordó las palabras de Jesús. Jesús había contado una historia similar sobre un sembrador y las diferentes clases de suelo en los que caían las semillas. Les había dicho a las personas que las semillas representaban la palabra de Dios y que el tipo de tierra representaba los corazones de las personas.
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Algunas personas tienen corazones duros como el camino, y la palabra de Dios no puede entrar en ellos. Otras personas son como la tierra pedregosa, reciben la palabra de Dios con alegría, pero cuando enfrentan dificultades, la abandonan. También hay personas que son como la tierra entre las espinas, donde las preocupaciones del mundo ahogan la palabra de Dios.
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Pero aquellos que tienen corazones buenos, como la buena tierra, reciben la palabra de Dios, la cuidan y la dejan crecer en sus vidas, produciendo frutos de amor, bondad y compasión.
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